El acoso escolar ya no se limita solo a las aulas. El Ciberbullying es la extensión del acoso escolar al espacio digital, y sus consecuencias son, a menudo, más permanentes y devastadoras. El ciberacoso utiliza herramientas tecnológicas para hostigar, amenazar o humillar. A diferencia del bullying tradicional, el ciberacoso presenta tres agravantes técnicos:
- Anonimato: El agresor siente una falsa sensación de impunidad al esconderse tras una pantalla, lo que reduce su inhibición moral.
- Audiencia masiva y permanente: Una humillación en el patio escolar tiene testigos limitados; una publicación en redes sociales puede ser vista por miles y permanece en la red para siempre.
- Falta de refugio: La víctima no descansa. El acoso llega a su habitación a través del celular las 24 horas del día.
Organismos internacionales como la UNESCO han advertido que el ciberacoso representa una de las formas de violencia escolar con mayor crecimiento en los últimos años, especialmente tras el aumento del uso de plataformas digitales y redes sociales entre adolescentes.
La facilidad para compartir contenido de manera inmediata, sumada a la presión social por obtener aceptación en línea, incrementa la exposición de niños, niñas y adolescentes a situaciones de humillación pública, difusión de rumores, amenazas y hostigamiento constante.
Estas dinámicas no solo afectan la salud mental de las víctimas, sino también su capacidad de concentración, motivación académica y confianza para relacionarse con otras personas. Las formas más comunes de ciberacoso incluyen:
- Doxing (exposición): Revelar información privada de la víctima para humillar.
- Exclusión digital: Eliminar a la víctima de grupos sociales clave como castigo.
- Ciberacoso sexual: El uso de imágenes íntimas para la coacción, un riesgo creciente entre adolescentes.
La normalización de ciertas conductas dañinas dentro de las dinámicas digitales juveniles como el “hate”, el “body shaming”, el “troleo”, el “doxxing” o la exclusión digital suelen disfrazarse de humor, entretenimiento o simples “bromas”, cuando en realidad pueden convertirse en mecanismos de humillación y control social.
Por esta razón, resulta indispensable fortalecer la alfabetización digital y emocional desde edades tempranas, enseñando a niños, niñas y adolescentes a reconocer conductas de riesgo, configurar adecuadamente su privacidad y desarrollar un uso responsable y seguro de la tecnología.
Para proteger a los niños, niñas y adolescentes, se aconseja instruir a las víctimas en la importancia de no borrar los mensajes, sino tomar capturas de pantalla y guardar enlaces como evidencia digital. Así mismo, utilizar las herramientas de privacidad las plataformas (Instagram, TikTok, WhatsApp) para cortar el canal de comunicación de la persona agresora como es el caso de bloquear y reportar.
Muy importante, se necesita educar a los menores sobre su «Huella Digital» y las consecuencias legales de sus actos en línea. El ciberbullying no es un problema de la tecnología, sino del uso de la tecnología para ejercer poder. La seguridad digital de los menores debe ser una prioridad, integrando a padres, educadores y especialistas en nuevas tecnologías para advertir los diferentes riesgos.
Cada vez que se utiliza algún dispositivo móvil conectado a la Internet, la persona va dejando el rastro de su huella digital, pero no hay un uso consciente de ello, y son las mismas personas usuarias que, al tratar de proteger sus datos, más bien los exponen.
No hay una cultura cibernética del uso de las redes sociales, de los dispositivos móviles e inteligentes y de todo aquello conectado a la Internet, incluyendo las claves de las cerraduras de las puertas de la casa administradas a través de un teléfono celular, entre otros posibles ejemplos.
Para entender mejor el concepto de huella digital, Castro Ávila (2021, p. 6) lo explica muy bien de la siguiente manera: Cuando hablamos de huella digital nos referimos al rastro de toda nuestra actividad en internet, en su gran mayoría, creado voluntariamente por medio de las publicaciones y la búsqueda de información que hacemos, los sitios web a los que entramos, las aplicaciones que utilizamos, los “clics” o “me gusta” que damos dentro de las redes sociales, los pagos en línea, la activación de nuestras ubicaciones geográficas, otra parte de esa huella digital se crea con rastros de los que ni siquiera tenemos conciencia.
La UNESCO también destaca la importancia de construir entornos educativos seguros tanto dentro como fuera de las aulas, entendiendo que la convivencia digital ya forma parte de la vida cotidiana del estudiantado. En este contexto, la prevención del ciberbullying requiere una respuesta integral basada en la educación socioemocional, el fortalecimiento de habilidades digitales y la promoción de una ciudadanía digital responsable.
Esto implica enseñar a las personas menores de edad a identificar contenidos dañinos, respetar la privacidad ajena, actuar de forma ética en redes sociales y denunciar conductas abusivas.
Del mismo modo, resulta fundamental que las familias y los centros educativos mantengan espacios de diálogo abiertos y libres de estigmatización, donde las víctimas puedan buscar apoyo oportunamente sin temor a ser juzgadas o minimizadas.
Fuentes:
– Ética judicial. Cuaderno N°24. Enero-Junio 2024 Rojas Ballestero F. El Internet de las cosas, la ciberseguridad y la inteligencia Artificial, usos, beneficios y riesgos. ¿Está Costa Rica Preparada verdaderamente?
– 2021ISBN 978-92-3-300148-0, UNESCO, 2021, Más allá de los números: Poner fin a la violencia y el acoso en el ámbito escolar.






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