La estrecha relación entre gobernanza, confianza y control interno

Costa Rica cuenta con una estructura que pareciera ser lo suficientemente robusta en cuanto a sus mecanismos de gobernanza, gestión del riesgo y control interno en el sistema financiero. Desde el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF), como órgano rector de máxima jerarquía, existe una amplia gama de cuerpos normativos, auditorías continuas y supervisiones rigurosas diseñadas para detectar y prevenir cualquier intento de fraude.

Esta robustez normativa debe entenderse desde la perspectiva de la gestión y la gobernanza corporativa, donde la efectividad operativa de una institución financiera no se mide únicamente por sus utilidades o su cobertura de mercado, sino por la solidez e integridad de sus sistemas de control interno. Para cumplir con este objetivo, las entidades bancarias han incorporado en sus estructuras organizativas unidades especializadas en Cumplimiento Normativo, Gestión de Riesgos y Auditoría Interna.

A partir de este andamiaje, se construye el pilar fundamental del sector: la reputación. Un banco crece y consolida la confianza de sus clientes y del mercado cuando sus mecanismos de supervisión funcionan de manera preventiva, resguardan sus activos y garantizan la transparencia en cada proceso. En contraste, la relajación o falla sistemática de estos controles genera un panorama adverso que vulnera no solo el patrimonio de la entidad, sino la credibilidad de todo el sistema bancario nacional.

Por ello, conceptos como desfalco o fraude interno no deben entenderse únicamente como actos delictivos aislados cometidos por un individuo, sino como el síntoma inequívoco de fallas estructurales en la gestión del riesgo y sistemas de control interno.

Antecedentes y el síntoma de una cultura “relajada”

Para profundizar en este tema, el caso del Banco Nacional de Costa Rica (BNCR) ofrece un ejemplo claro. La detección del faltante de más de ₡3.293 millones de colones en la bóveda principal de su edificio central puso al descubierto cómo la complacencia operativa y el distanciamiento de los protocolos permitieron un desfalco sostenido en una de las entidades bancarias más grandes del país. Esta situación demuestra la vinculación directa entre la efectividad del control interno y la protección de los activos.

No obstante, este no representa el único caso en nuestro país:

  • Banco Elca (2004): Si bien no fue un robo a mano armada, constituyó un desfalco directo sobre los fondos bajo custodia de la entidad. La alta gerencia desvió millones de dólares mediante cuentas fantasma, créditos irregulares autoaprobados y retiros directos de capital perteneciente a los ahorrantes.
  • Banco Nacional Cóbano en Puntarenas (2019): Se sustrajeron ₡378 millones. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) identificó como principal sospechoso a un empleado de la propia sucursal, quien aprovechó la jornada de sábado para ingresar en solitario, abrir la bóveda principal y extraer el dinero antes de que el faltante fuera descubierto el lunes por la mañana.

Estos son ejemplos donde el control interno se ha debilitado, o se ha entendido como un trámite formal o un requisito normativo reactivo, es decir, un mero cumplimiento que quede escrito en un informe, en lugar de enfocar los esfuerzos en resolver el problema de fondo: la debilidad en controles internos y la falta de supervisión en áreas de alta vulnerabilidad.

La respuesta institucional y el riesgo de la complacencia

Es innegable que la percepción de riesgo en el sector bancario y en la opinión pública fue elevada tras la revelación del caso de la bóveda del Banco Nacional. Las autoridades y la ciudadanía identificaron el fraude interno como una amenaza seria a la fe pública, y la respuesta más instintiva consistió en exigir revisiones, expedientes judiciales y mayores restricciones operativas.

Las instituciones suelen destinar sumas considerables a herramientas tecnológicas y manuales de procedimientos. Sin embargo, con frecuencia se descuidan pilares indispensables del entorno de control, tales como:

  • La rotación obligatoria del personal en puestos de custodia y alta sensibilidad.
  • La realización de arqueos sorpresivos e independientes por parte de unidades de auditoría interna sin relación operativa con la tesorería.
  • El fortalecimiento del principio de doble custodia en la práctica diaria y no solo en el papel.

Al descuidar estos aspectos fundamentales, la rutina cotidiana provoca que los procedimientos pierdan su efectividad fiscalizadora. Ante este escenario, la administración y los órganos de supervisión deben plantearse la siguiente interrogante:

¿Se está aplicando el control interno con un enfoque integral y preventivo, o solo se ejecutan controles formales como una estrategia de cumplimiento superficial?

El círculo vicioso de la complacencia operativa

El exceso de confianza, la permanencia prolongada de funcionarios en puestos clave sin supervisión directa, la falta de verificación presencial y la manipulación de registros de inventario son variables directamente correlacionadas. Un entorno de supervisión debilitado y la ausencia de auditorías cruzadas continuas no son eventos aislados; constituyen el caldo de cultivo para la comisión del delito de oportunidad.

Al desatender estos componentes preventivos, la gestión institucional debilita sus defensas primarias contra el fraude. Se genera una estructura de vulnerabilidad que, con el tiempo, deriva en pérdidas millonarias que luego se pretenden corregir mediante procesos administrativos o judiciales, perpetuando un modelo reactivo con limitado éxito preventivo.

Prevención vs. Reacción: El verdadero papel del control interno

El control interno se entiende como el conjunto de acciones estructuradas e implementadas por la administración activa con el propósito de garantizar la consecución de sus objetivos institucionales. Este mecanismo busca salvaguardar el patrimonio público contra cualquier pérdida, malgasto o uso indebido, al tiempo que asegura la entrega de información oportuna y confiable. Asimismo, promueve la máxima eficacia y eficiencia en las operaciones diarias y velará por el estricto cumplimiento del ordenamiento jurídico y técnico aplicable.

Dentro de este marco, un componente esencial lo constituyen las actividades de control, las cuales representan uno de los cinco componentes funcionales del sistema de control interno. Estas consisten en el conjunto de políticas, lineamientos y procedimientos que las jerarquías y jefaturas responsables deben formular, implementar, evaluar y optimizar de forma continua para mitigar los riesgos operativos y asegurar el logro de las metas institucionales.

En el contexto de la custodia de efectivo en bóvedas bancarias, las actividades de control no deben ser vistos como simples trámites burocráticos, sino como mecanismos de protección activa. Para prevenir de manera efectiva desfalcos como los ocurridos en el Banco Nacional o en Cóbano, se requieren actividades de control específicas y rigurosas:

  • Doble custodia efectiva: Establecer la obligatoriedad de que la apertura, manipulación e ingreso a las bóvedas requiera la presencia y validación simultánea de al menos dos funcionarios independientes, impidiendo el acceso en solitario.
  • Segregación de funciones: Separar estrictamente la responsabilidad del registro contable de los valores respecto de la custodia física y la ejecución de los arqueos.
  • Arqueos sorpresivos e independientes: Realizar conteos físicos in situ sin previo aviso, ejecutados por unidades de auditoría o personal ajeno a la tesorería encargada, para verificar la concordancia entre los saldos contables e inventarios físicos.
  • Rotación periódica de puestos clave: Limitar la permanencia prolongada de un mismo colaborador en la administración directa de activos sensibles, reduciendo la complacencia y la generación de «puntos ciegos» operativos.
  • Supervisión y control físico de acceso: Implementar esquemas de monitoreo continuo mediante videovigilancia sin zonas ciegas, junto con protocolos estrictos de revisión y requisas aleatorias al personal a la entrada y salida de las áreas de alta seguridad.

Cada actividad de control ejecutada con rigor no solo representa una barrera infranqueable contra la sustracción indebida de recursos, sino que protege la integridad de los funcionarios expuestos y resguarda la reputación y sostenibilidad de la entidad financiera. Enfocarse únicamente en la aplicación de sanciones posteriores a la consumación del delito equivale a aliviar el síntoma sin corregir la enfermedad: el verdadero valor del control interno radica en su capacidad para anticipar y neutralizar el riesgo antes de que se convierta en una pérdida irreparable.

Conclusión

El caso del Banco Nacional demuestra que las mayores amenazas para una organización no siempre provienen del exterior ni de ciberataques complejos. El verdadero peligro surge cuando la rutina genera complacencia. Un sistema de control interno no falla únicamente porque sus políticas estén mal redactadas; falla cuando las políticas dejan de ejecutarse en el día a día. Para las instituciones financieras en general, este desfalco queda como un recordatorio indeleble: la confianza no puede, bajo ninguna circunstancia, sustituir al control.

Referencias bibliográficas

Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica. (2002). Ley General de Control Interno (Ley N.° 8292). La Gaceta N.° 169.

Contraloría General de la República de Costa Rica. (2009). Normas de control interno para el Sector Público (N-2-2009-CO-DFOE). La Gaceta N.° 26.

La Nación. (2023, 24 de octubre). Banco Nacional denuncia a cinco empleados por faltante de ₡3.293 millones en bóveda. Diario La Nación (Costa Rica).

Semanario Universidad. (2004, 30 de junio). Intervención del Banco Elca destapa irregularidades y créditos vinculados. Semanario Universidad (Universidad de Costa Rica).

Teletica.com / Telenoticias. (2024, diciembre). Tribunal condena a 30 años de prisión a exfuncionario del Banco Nacional por peculado en caso de bóveda. Televisora de Costa Rica.

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