El fentanilo se convirtió en el rostro más visible de la crisis de opioides en Estados Unidos. Con cientos de miles de muertes por sobredosis y una presencia constante en la agenda pública, gran parte de los esfuerzos de control, persecución y regulación se concentran en contener su expansión.

Sin embargo, mientras esa presión aumentaba, otro grupo de sustancias comenzó a ganar espacio de forma menos visible y potencialmente más letal: los nitazenos.

Un investigación desarrollada por Bellingcat, en colaboración con Signal Ohio y STAT, documenta cómo estos opioides sintéticos de alta potencia están expandiéndose dentro del mercado estadounidense mediante plataformas digitales, cadenas de distribución fragmentadas y mezclas cada vez más difíciles de detectar.

Un cambio en el mapa de los opioides

Los nitazenos no son sustancias nuevas. Fueron desarrollados durante la década de 1950 como posibles analgésicos, pero nunca llegaron al mercado médico debido a preocupaciones sobre su seguridad. Décadas después reaparecieron fuera del circuito farmacéutico legal.

Actualmente, algunas variantes pueden alcanzar niveles de potencia extremadamente superiores a opioides ya conocidos: ciertos compuestos han sido asociados con una potencia hasta 40 veces mayor que el fentanilo y cientos de veces superior a la heroína.

La preocupación de especialistas no radica únicamente en la existencia de estas sustancias, sino en la forma en que circulan. En la mayoría de los casos documentados, los nitazenos no se consumen de forma aislada: aparecen mezclados con fentanilo, cocaína, metanfetaminas, heroína u otras drogas, muchas veces sin que la persona usuaria tenga conocimiento de ello.

Un problema más grande de lo que muestran los registros

De acuerdo con datos citados por Bellingcat provenientes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Estados Unidos ha reportado 26 tipos distintos de nitazenos desde 2019, ubicándose entre los países con mayor diversidad detectada de estas sustancias.

Los registros oficiales confirman más de 1.100 muertes relacionadas con nitazenos, aunque especialistas consultados consideran que la cifra real podría acercarse a 2.000 fallecimientos debido a limitaciones en los sistemas de análisis toxicológico.

Una de las principales dificultades es que muchos laboratorios forenses no realizan pruebas específicas para detectar estas sustancias o comenzaron a hacerlo recientemente. Esto significa que numerosas sobredosis históricamente atribuidas a otros opioides podrían haber involucrado nitazenos sin haber sido identificadas.

Ohio: el nuevo epicentro

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es la concentración territorial del fenómeno. Datos del National Forensic Laboratory Information System (NFLIS) muestran que más de un tercio de todos los reportes positivos de nitazenos en Estados Unidos entre 2019 y 2024 están vinculados con Ohio.

Además, cifras del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) señalan que ese estado acumula el mayor número de muertes por sobredosis asociadas con estas sustancias desde 2021.

Las autoridades y especialistas aún no tienen una explicación definitiva, aunque apuntan a factores históricos vinculados con rutas de tráfico, infraestructura logística y el impacto previo de la crisis de opioides.

Internet y mercado ilegal

La investigación también documenta cómo opera la cadena de suministro. Lejos de grandes estructuras centralizadas, gran parte del comercio parece apoyarse en compras relativamente pequeñas realizadas por distribuidores locales o intermediarios.

Los nitazenos se anuncian la dark web, sitios web que aparentan vender químicos industriales, redes sociales y plataformas internacionales de comercio electrónico. Los vendedores suelen utilizar identificadores químicos en lugar de nombres comerciales y mantienen contacto mediante canales cifrados.

En algunos casos documentados judicialmente, los productos fueron enviados por correo internacional declarados como cosméticos o accesorios electrónicos para reducir controles aduaneros.

Una industria que se adapta más rápido que la regulación

Otro de los hallazgos más relevantes es que el endurecimiento regulatorio parece estar produciendo efectos similares a los observados anteriormente con el fentanilo. Después de que China reforzó controles sobre sustancias relacionadas con el fentanilo en 2019, comenzaron a aumentar los reportes de nitazenos.

Posteriormente, cuando el gobierno chino amplió restricciones sobre nitazenos en 2025, investigadores empezaron a identificar la aparición de nuevos compuestos sintéticos conocidos como orphines, diseñados para mantenerse fuera de algunas definiciones regulatorias.

Especialistas describen este fenómeno como una carrera permanente entre regulación y adaptación criminal. Para investigadores y autoridades, el crecimiento de los nitazenos evidencia que el problema ya no consiste únicamente en interceptar cargamentos o prohibir moléculas específicas.

Las redes de producción y distribución parecen operar con capacidad para modificar fórmulas, diversificar sustancias y aprovechar vacíos regulatorios internacionales.

Mientras tanto, para usuarios, sistemas de salud y servicios forenses, el desafío sigue siendo el mismo: detectar amenazas que muchas veces llegan mezcladas, invisibles y con una potencia que supera ampliamente drogas que ya habían encendido las alarmas.

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