La detección del primer caso de gusano barrenador en ganado dentro de Estados Unidos volvió a encender las alarmas sanitarias en el país norteamericano, pero el hallazgo de un ternero infectado trasciende el ámbito de la salud animal y pone en manifiesto una red de contrabando, falsificación y pérdida de trazabilidad que conecta Centroamérica, México y mercados internacionales.
El Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó el pasado 3 de junio la presencia del parásito en un ternero de tres semanas localizado en el condado de Zavala, al sur de Texas, cerca de la frontera con México.
Sin embargo, más allá de la emergencia sanitaria, se abre también la discusión sobre cómo una plaga que había sido contenida logró avanzar hasta territorio estadounidense.
De acuerdo con investigaciones de campo realizadas por InSight Crime, el movimiento ilegal de ganado en la región ha creado condiciones que dificultan cada vez más el control sanitario.
Cada año, miles de reses son criadas fuera de controles oficiales en sectores de Nicaragua, Honduras y Guatemala, incluyendo zonas protegidas donde la actividad ganadera está restringida. Posteriormente, parte de esos animales es movilizada hacia México utilizando pasos fronterizos irregulares.
Cómo funciona el “lavado” del ganado
El mecanismo comienza con el traslado de animales hacia centros de acopio cercanos a la frontera sur mexicana. Una vez allí, operadores obtienen acceso a aretes oficiales de identificación, piezas fundamentales del sistema de trazabilidad ganadera.
Estos aretes contienen códigos únicos que permiten registrar oficialmente cada animal dentro de bases de datos gubernamentales y seguir su recorrido desde el nacimiento hasta el sacrificio.
Según la investigación, ese sistema es vulnerado mediante un mercado ilegal donde participan intermediarios y miembros corruptos vinculados al sector ganadero que comercializan aretes originalmente entregados para operaciones legales. Con el arete colocado, el ganado adquiere una nueva identidad.
Después se incorporan certificados sanitarios y documentación oficial, que pueden obtenerse de manera fraudulenta o mediante corrupción. Una vez completado ese proceso, los animales dejan de aparecer como ganado ingresado irregularmente desde Centroamérica y pasan a formar parte del sistema formal mexicano.

Este proceso tiene consecuencias que van mucho más allá del comercio ilegal. En teoría, los sistemas sanitarios funcionan porque permiten rastrear rápidamente dónde nació un animal, por dónde se movilizó y con qué otros animales tuvo contacto, pero cuando esa información deja de ser confiable, también se vuelve más difícil detectar enfermedades, contener brotes y reconstruir cadenas de contagio.
Según la investigación, parte de este ganado termina integrándose a cadenas legales de comercialización y procesamiento que abastecen tanto el mercado interno mexicano como exportaciones internacionales. Eso significa que el riesgo deja de estar contenido geográficamente.
El parásito había sido detectado previamente cerca de la frontera entre México y Guatemala a finales de 2024. Desde entonces continuó avanzando hacia el norte hasta alcanzar territorio estadounidense.





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