Durante años, el debate sobre los tiroteos masivos ha mantenido su foco de atención en los Estados Unidos, la frecuencia con la que estos hechos aparecen en medios de comunicación internacionales, junto con características particulares del contexto político, social y normativo de este país, ha contribuido a instalar esa percepción.
Si bien Estados Unidos continúa siendo el país más estudiado y uno de los escenarios donde este fenómeno se observa con mayor frecuencia, los ataques masivos con armas de fuego dirigidos contra múltiples víctimas en espacios públicos, también han ocurrido en distintos continentes y presentan dinámicas que merecen atención propia.
El efecto «Copycat»
Las investigaciones sobre este fenómeno han observado que algunos agresores fuera de Estados Unidos, no actuaron de manera completamente independiente, sino que reprodujeron elementos de ataques anteriores, algo que se conoce como efecto imitador (copycat).
Este concepto no es nuevo y ha sido utilizado para estudiar suicidios, terrorismo, violencia juvenil y otros fenómenos de alta exposición pública. Aplicado a los tiroteos masivos, el efecto imitador se refiere a casos en que el agresor adopta elementos visibles de ataques anteriores.
Algunos eventos suelen compartir ciertos patrones como una elevada proporción de suicidio posterior al ataque, agresores predominantemente masculinos y con edades inferiores a los 35 años y admiración por otros atacantes o eventos similares.
Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió en Brasil en 2019, cuando dos jóvenes atacaron una escuela en Suzano y posteriormente se identificaron similitudes con el ataque ocurrido dos décadas antes en Columbine.
No obstante, la existencia de patrones comunes no convierte el fenómeno en algo mecánico ni predecible. Los procesos individuales siguen siendo fundamentales.
¿Qué implicaciones tiene esto para América Latina?
América Latina enfrenta dinámicas de violencia muy distintas a las de Estados Unidos. En muchos países de la región, los principales problemas están asociados al crimen organizado, homicidios vinculados a economías ilícitas, conflictos territoriales y violencia interpersonal.
Eso no significa que el análisis de los tiroteos masivos sea irrelevante. La principal lección preventiva no consiste en replicar modelos extranjeros ni en generar alarmas injustificadas. Consiste en reconocer que ciertos riesgos emergentes requieren observación temprana.
La expansión internacional del fenómeno demuestra que ningún país está completamente aislado de procesos culturales globales. Por ello, la prevención no debe comenzar cuando ocurre el primer caso de alto impacto, sino antes: fortaleciendo capacidades institucionales, desarrollando protocolos de detección de amenazas, promoviendo cobertura responsable y evitando convertir a los agresores en figuras de referencia.
Fuentes:
De Andrade Melo, H., Silva, J. R., & Sánchez Gil, L. M. (2025). Tiroteos en masa y efecto imitador: Prevalencia global fuera de los Estados Unidos (1999–2022).
Lankford, A. (2016). Public Mass Shooters and Firearms: A Cross-National Study of 171 Countries.
Lankford, A., & Madfis, E. (2017). Don’t Name Them, Don’t Show Them.





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