Estudios sobre bullying a nivel mundial muestran que, en Costa Rica, un 44% de los estudiantes reportan haber sido víctimas de alguna forma de acoso escolar. Datos del Ministerio de Educación Pública reflejan que solo entre el 2018 y 2019 se atendieron 9888 denuncias de bullying, una situación bastante alarmante. Estas cifras son un indicador de vulnerabilidad a la que se enfrentan actualmente los niños, niñas y jóvenes del país en centros educativos.
Para abordar esta realidad es necesario comprender en qué consiste el bullying y cómo distinguirlo de un conflicto esporádico o de otro tipo de manifestación violenta. El acoso escolar, o también conocido por su término en inglés bullying, consiste en acciones agresivas de forma consciente por parte de una o varias personas hacia la víctima, y que se repite a lo largo del tiempo al menos una o dos veces al mes.
Para considerarse acoso escolar, debe cumplir tres criterios: intencionalidad, repetición y desequilibrio de poder. Sin alguno de estos tres elementos, se podría estar ante otro tipo de conflicto entre las partes, pero es importante tener en cuenta que cualquier tipo manifestación violenta podría eventualmente conllevar a una situación repetitiva e intencional, por lo que siempre se debe prestar atención y abordar apropiadamente cada situación de violencia que pueda generarse entre estudiantes.
Algunos tipos de acoso escolar pueden ser:
- Acoso físico: Acciones como empujones, zancadillas, jalones de cabello, pellizcos, lanzar objetos contra la víctima.
- Acoso patrimonial: Esconder, botar o dañar pertenencias de la víctima, quitarle su comida o dinero.
- Acoso verbal: Acciones como insultos, apodos, burlas o shippear (relacionar sentimentalmente con otra persona de forma ficticia para generar burlas).
- Acoso social: La manipulación de las relaciones para aislar a la persona, esto podría incluir levantar chismes para evitar que otras personas compartan con la víctima.
- Acoso sexual: Difundir información o material íntimo sobre la víctima sin su consentimiento, comentarios de índole sexual con el objetivo de intimidar o ridiculizar a la persona, puede incluir seguimiento, vigilancia o tomar fotos o videos en espacios íntimos.
- Acoso psicológico: Acciones para desestabilizar emocionalmente a la víctima, como por ejemplo el gaslighting, que implica hacer dudar a la otra persona de su propia percepción o memoria negando los hechos, manipulando las versiones y convenciendo a su círculo cercano de negar las versiones dadas por la persona acosada.
- Acoso cibernético: Ampliación de los diferentes tipos de acoso ya mencionados a entornos digitales, como compartir fotos o videos de las agresiones recibidas, tanto físicas como sexuales, subiendo memes o imágenes tipo deepfake (editar digitalmente imágenes denigrantes o comprometedoras con el rostro de la víctima).
El acoso escolar afecta indistintamente a todas las personas sin importar su identidad de género, pero pueden encontrarse algunas diferencias. Los estudios identifican que los niños, niñas y adolescentes a quienes se les considera distintos de alguna manera, tienen un mayor riesgo de ser víctimas de acoso, siendo el aspecto físico la razón más común, mientras que la etnia, la nacionalidad o el color de la piel son otros factores predominantes.
Quienes pertenecen a una familia con menos recursos, migrantes o de la población LGTBIQ+, también parecen tener más probabilidad de sufrir bullying, así mismo, los hombres tienden a ser más agredidos físicamente que las mujeres, mientras que a nivel psicológico ocurre lo contrario.
Es importante tomar en consideración que la persona acosadora también es menor de edad y posiblemente provenga de entornos conflictivos, vulnerables y/o de riesgo, por lo que la intervención se debe hacer con sensibilización y de la mano de expertos en la materia, sin embargo, lo más importante es detectar a tiempo posibles situaciones de bullying en el entorno escolar e intervenir antes de que la situación escale, esto se logra con capacitaciones constantes a personal docente, administrativo y actividades con estudiantes, en las que pueden y deben involucrarse padres de familia o encargados de la persona menor de edad, para educar y socializar sobre el tema.






Deja un comentario