CRUELDAD ANIMAL: ¿JUEGO DE NIÑOS O SEÑAL DE ALARMA?

“Los asesinos… muy a menudo son niños que nunca aprendieron que está mal sacarle los ojos a un cachorro”.

ROBERT K. RESSLER, EX-AGENTE DEL F.B.I.

Normalmente cuando encontramos en nuestras redes sociales un nuevo caso de crueldad animal, la mayoría de las personas se estremecen y se preguntan ¿porqué una persona sería capaz de causarle un dolor innecesario a un animal?, siendo mucho más impactante cuando el autor de dicha conducta es un menor de edad y es ahí donde nacen las interrogantes: ¿por qué algunos niños maltratan animales?, ¿qué están viviendo esos niños para que realicen hechos tan atroces?

Las conductas de abuso sobre animales que dan lugar durante la infancia son de cierta manera comunes, ya que parte de este comportamiento se puede justificar debido a su proceso de aprendizaje y de conductas exploratorias en edades tempranas, sin embargo, el aparente vínculo entre el abuso infantil y la crueldad animal, es considerado al día de hoy por muchos profesionales, un ámbito de interés creciente, ya que los niños que normalmente maltratan animales desde muy pequeños, tienen más probabilidades de haber sufrido ellos mismos abusos. Normalmente las conductas sociales de cada individuo, se desarrollan a través del proceso de socialización que mantenemos a lo largo de la vida de cada uno, por lo que las personas adquieren normalmente sus habilidades, roles, expectativas y valores de acuerdo al grupo socio- cultural que rodea a dicho individuo y conforme pasan los años este individuo va adquiriendo los conocimientos indispensables para poder convivir de manera adecuada en su ambiente social.

Por otra parte, un fragmento de esos procesos de socialización en la vida de todo ser humano, viene dado por las relaciones entre los animales y el hombre desde tiempos muy antiguos; recibiendo esos primeros contactos desde la infancia ya sea por contacto indirecto, a través de materiales audiovisuales o sencillamente por contacto directo, mediante la convivencia desde pequeños con una o varias mascotas, es así como desde edades muy tempranas el ser humano, aprende a desarrollar su autoestima, además de crear cierta empatía y afecto incondicional hacia otros individuos.

Sin embargo, cuando ese niño o niña se desarrolla dentro de una familia disfuncional o con problemáticas diversas, ese infante aprenderá a que los animales pueden ser maltratados, ya que dentro de su núcleo familiar es normal “desquitarse” con alguien más débil dentro de su jerarquía de poderes, causando un efecto de “tolerancia” en quien vive esa violencia ya que dentro de su núcleo es una conducta aceptada y normalizada. Si creamos un ambiente de “desinterés”, dentro de nuestros entornos familiares y sociales, así como la normalización y justificación de ese tipo de conductas violentas, conllevaríamos a crear un factor que predisponga a que ese niño, niña o adolescente, vaya a generar otros tipos de violencia y que esa violencia vaya escalando y cada vez esas acciones sean conductas más crueles y violentas.

¿POR QUÉ LOS NIÑOS MALTRATAN ANIMALES?

En muchas ocasiones los niños que perpetran agresiones contra animales, lo utilizan como un mecanismo para liberar sus frustraciones, en otras palabras, se vuelve una válvula de escape para ellos, desplazando de esa manera la frustración que puedan estar viviendo ya sea en sus hogares o en su ámbito escolar. Los niños que son expuestos a estos ambientes de violencia constantes, tienden a ser más violentos conforme van creciendo y pueden convertir ese abuso en los animales como una forma de expresar su dolor o rabia propias del proceso de victimización por el que atraviesan, dirigiendo en una primera etapa esos sentimientos hacia seres más vulnerables.

Al momento que un niño ejecuta la crueldad animal y experimente placer en esa sensación de poder que provoca dominar la vida de otro ser vivo que frente a él (niño), se encuentre en una posición de desventaja, significa que ese niño, niña o adolescente, está conformando una personalidad violenta, peligrosa y que a futuro implicaría un peligro inminente para su entorno y la sociedad en general. A partir de esta manifestación del infante, es que debemos tomar esas acciones como un signo de alerta, pues más allá de la crueldad animal que ese niño, niña o adolescente estaría ejecutando, esa alerta nos está indicando que, en su ambiente familiar o escolar, ese niño podría estar siendo violento o violentado.

PREVENIR EDUCANDO

De acuerdo con Álvarez (2016), “diversas investigaciones han manifestado que educar a los niños mediante la transmisión de valores positivos hacia todos los seres vivos del planeta, es un elemento muy importante en la prevención de actos crueles contra los animales”. Este tipo de prácticas facilitaría el desarrollo de la empatía hacia los humanos, evitando consigo la comisión de otros tipos de conductas delictivas, desarrollando consigo, que la realización de este tipo de programas educativos ayude a desenvolver el sentido de la responsabilidad, respeto a toda forma de vida y preocupación por los demás, sin dejar de lado que este tipo de programas colaborarían en mejorar el desarrollo integral del autoestima, socialización y cooperación de cada individuo. Por tal motivo, es necesario la sensibilización de toda la sociedad ante asuntos de crueldad dirigida hacia animales, de manera que, a través de la conciencia colectiva, se pueda erradicar los comportamientos violentos que son causa y efecto del maltrato animal.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

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