Archivo 506

Prevención situacional del delito

Saludos lectores

Con frecuencia la ciudadanía pide que se ejecuten acciones inmediatas para combatir la delincuencia, no obstante, en su mayoría las medidas solicitadas suelen tener resultados a mediano y largo plazo, y generalmente el cambio solo puede ser percibido a través de las estadísticas pues es paulatino, lo que produce la sensación de poco avance.

Sin embargo, sí existe una línea para generar cambios a corto plazo, y que, sin entrar en detalles complejos de estadística u otros datos, pueden ser percibidos y sentidos por todos los ciudadanos, sin necesidad de explicarle teorías o números complejos.Pero para ello, es importante conocer un poco sobre criminología ambiental, pero más importante aún, cómo ponerla en práctica. El objetivo de esta especialidad criminológica es aportar los conocimientos necesarios para brindar soluciones en la intervención y prevención situacional de la criminalidad, y se enfoca principalmente en el contexto o escenario en el que se desarrolla la conducta criminal, pero sin dejar de lado otras variables del saber criminológico.

En la actualidad, la criminología ha ido absorbiendo los aportes de las diferentes ciencias o disciplinas que tratan de explicar, desde su propio enfoque, la conducta criminal, lejos quedan ya los choques ideológicos entre los criminólogos clásicos o positivistas, el criminólogo contemporáneo comprende que entre las variables del delito no solamente está su contexto sociocultural, sino que pueden existir otras como problemas a nivel psicológico o médico y que incluso trascienden únicamente del estudio del criminal y se centran también en sus víctimas como actores imprescindibles dentro del fenómeno delictivo. Pero la criminología ambiental se enfoca en la variable espacio-temporal del delito, y su abordaje con políticas criminales encaminadas a mejorar el entorno urbano.

La persona delincuente no es una especie que vive aislada del resto de la población y que sale únicamente a cometer su ilícito por las noches, en realidad se trata de personas que conviven a diario con nosotros y que no pasan las 24 horas del día actuando como criminales, posiblemente llevan una vida normal, con problemas similares a los de cualquier ciudadano respetuoso de la ley, quizás con familia y trabajo formal. Estas personas interactúan con sus vecinos, compañeros de trabajo, con el que atiende la pulpería del barrio o en el bus junto a otros pasajeros con total normalidad.

Lo anterior nos lleva a buscar en el entorno, elementos que nos permitan reducir las oportunidades que tiene el delincuente para actuar, si bien el modo de operar va a depender también de otros factores individuales del sujeto, lo cierto es que el delincuente buscará la manera de no ser descubierto por las autoridades o al menos, sorprendido en el acto. Por eso es normal que busquen lugares aislados, solitarios, abandonados, oscuros y con poca vigilancia policial, a raíz de esto es que surgen las iniciativas para la recuperación de espacios públicos con actividades que reúna a los miembros de la comunidad, la mayoría de estos programas vienen acompañados de otras acciones con instituciones locales con las cuales se ejecutan en conjunto y se trabaja en coordinación con las autoridades.

Los grupos de seguridad comunitaria son el ejemplo perfecto para ilustrar cómo se aplica en la práctica, la criminología ambiental, pues su objetivo es que los miembros de cada barrio o comunidad se organicen para realizar cambios o mejoras en los lugares o servicios que frecuentan conjuntamente. Estos movimientos civiles bien organizados son capaces de crear cambios y presionar a los gobiernos locales para que cumplan con su parte, se trata de atender y dar prioridad a los problemas que tenemos más cercanos a nosotros y no pensar tanto en solucionarlos globalmente.

Esto último no significa desatender la problemática país, pues es responsabilidad del Estado garantizar la seguridad ciudadana mediante sus diferentes instituciones, pero las comunidades pueden tener características y necesidades distintas dependiendo del lugar y de sus condiciones socioeconómicas, por lo que estos grupos comunitarios coadyuban en la labor y canalizan los esfuerzos hacia las necesidades más urgentes de su vecindario. El embellecimiento de los espacios públicos como parques, salones comunales, canchas deportivas, y la organización de actividades culturales que acerquen a los residentes a convivir e interactuar en estos sitios, aleja al criminal que no desea exponerse y lo obliga a desplazarse a otro sector o en el mejor de los casos, mermar su actividad.

En Costa Rica ya se han puesto en práctica este tipo de políticas criminales, los programas de seguridad comunitaria son un ejemplo, pero también lo son la aplicación del programa AISEC para la detección de los riesgos más predominantes en diferentes cantones del país (esto durante el 2017), así como otros programas paralelos que abordan problemáticas que desencadenan conductas criminales, como el Programa de Coaliciones Comunitarias que se desarrolla actualmente con la colaboración de la Embajada Americana, el ICD y gobiernos locales.

Los megas operativos que se han realizado durante la nueva administración, si bien no son propiamente de estas políticas, si generan un cambio del entorno significativo, la presencia policial más frecuente supone un obstáculo para el criminal que debe modificar o buscar otros sitios para seguir operando, esto si bien puede no reducir del todo el delito, al menos si desacelera su incidencia. Otro ejemplo es la recuperación de la denominada “zona roja” de San José, con la construcción de la terminal de buses 7/10 y el traslado de la delegación policial a ese sector, más la inversión de comercios, da hoy un aspecto más favorable de un sector que durante muchos años fue tomado por delincuentes, drogadicción, indigencia y prostitución.

La gran ventaja que tiene la aplicación de la criminología ambiental es que el mismo ciudadano, al involucrarse más en su comunidad y estar pendiente de lo que sucede en ella y con sus vecinos, percibe con más facilidad los cambios, esos que difícilmente pueda captar a nivel nacional y que le informan a través de los medios de comunicación que en su mayoría solo muestran los homicidios del día anterior. Hoy en día, la inseguridad y el nivel de violencia del país va en aumento, el déficit fiscal y la corrupción tiene a nuestro sistema en crisis, la sola intervención del Estado es insuficiente para atender la problemática, por lo que es necesario el esfuerzo de todos para salir adelante, se ocupa un cambio de cultura en el que el mismo ciudadano se empodere y se convierta en un agente activo contra la delincuencia, en conjunto con sus vecinos, instituciones y autoridades, solo mediante esta articulación, es posible comenzar a controlar y posteriormente reducir la ola de delincuencia que afecta al país.

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