Desde 2018, Costa Rica vive una polarización que no se expresa en balas, sino en narrativas, emociones y palabras. Es una “guerra civil mental y de palabra” que desgasta el bienestar psicológico, la confianza institucional y la cooperación ciudadana—insumos clave para prevenir el delito y para investigar con rigor. Informes y análisis sobre las elecciones de 2018 y su legado han documentado ese aumento de la polarización, la fragmentación del sistema de partidos y el uso de marcos comunicacionales basados en amenaza y miedo, con efectos que perduran hasta hoy.
Al mismo tiempo, la evidencia internacional muestra que el estrés político cotidiano se filtra en la vida diaria y empeora la salud mental (ansiedad, trastornos del sueño, agotamiento emocional). Tratar de manejar esas emociones desconectándose de la información ayuda, pero también reduce la participación cívica: un dilema entre “sentirse bien” y “hacer el bien”. Estudios revisados por la APA, así como investigación publicada en PNAS Nexus y reportajes en Nature Medicine, vinculan el clima político polarizado con más días de mala salud mental y física reportados y, en momentos extremos, síntomas tipo TEPT. 456
En América Latina, la carga de ansiedad y depresión ha crecido de manera sostenida, con brechas de atención significativas (solo 1 de cada 5 personas con trastornos mentales recibe tratamiento). Costa Rica no es ajena a la tendencia: se fortalecen marcos como la Política Nacional de Salud Mental 2024–2034, pero a la vez los datos muestran presiones en egresos por trastornos de estrés e intentos de suicidio, con patrones de afectación diferenciados por sexo en 2024.
Una visión criminológica: ¿por qué la polarización erosiona convivencia, prevención e investigación?
1) Teoría del Conflicto (Turk; Quinney)
“La ley es una arena de poder; los grupos hegemónicos definen la criminalidad y orientan la coerción.”
Aplicado al presente, la polarización intensifica la lucha por el significado: qué es “orden” o “amenaza”, quién “defiende” la moral, quién “atenta” contra valores. Cuando los discursos construyen al adversario como enemigo moral, se justifica el uso simbólico de la fuerza (linchamientos mediáticos, cancelación, estigmas). Eso disuade la cooperación con instituciones y afecta la denuncia, elevando la impunidad.
2) Anomia y Estructura Social (Merton)
“Cuando hay desajuste entre metas culturalmente aprobadas y medios legítimos, emergen adaptaciones desviadas.”
El malestar postcrisis económica, las expectativas de movilidad y la percepción de desigualdad territorial alimentan frustración. La polarización provee identidad y canal emocional; pero también normaliza medios ilegítimos (desinformación, violencia verbal) para “alcanzar” metas (victoria moral, prevalecer en el debate). Esto debilita el control social informal (familia, escuela, comunidad) que, en clave criminológica, es barrera primaria frente al delito.
3) Teoría de la Identidad Social y Trivialización Digital
“Nosotros vs. Ellos” se convierte en arquitectura de pertenencia. Las cámaras de eco y los algoritmos amplifican contenido divisivo; la exposición intensa aumenta ansiedad y hostilidad. La APA documenta que el seguimiento diario de noticias políticas reduce el bienestar; la psiquiatría clínica advierte que redes y medios erosionan el sueño y refuerzan comparaciones sociales dañinas, sobre todo en jóvenes.
4) Control Social (Hirschi)
“Los vínculos (apego, compromiso, involucramiento, creencias) contienen la conducta.”
La polarización fractura vínculos: familias que no conversan, docentes que evitan temas, vecinos que se bloquean en redes. La caída de apego y compromiso con normas comunes debilita la contención de conductas agresivas (incluida la violencia verbal y simbólica) y pone presión adicional sobre la policía, la justicia y los programas de prevención.
5) Neutralización (Sykes & Matza)
“Las técnicas de neutralización justifican el daño: negación de la víctima, de responsabilidad, condena de los condenadores.”
En el ecosistema polarizado, se vuelve habitual: “no le falté el respeto, él empezó”, “no fue agresión, fue ironía”, “los medios son el problema”. Estas racionalizaciones legitiman prácticas que deterioran el diálogo y naturalizan el hostigamiento.
6) Tensión General (Agnew)
“Las fuentes de tensión (pérdida, bloqueo de metas, injusticia percibida) generan emociones negativas que pueden desembocar en conducta desviada.”
La “guerra mental” multiplica tensiones diarias: microagresiones en redes, humillación pública, sensación de inseguridad simbólica. Sin canales de regulación emocional, crecen la reactividad y los riesgos (amenazas, doxing, acoso).
7) Criminología Crítica y Desigualdades
“El delito y el control penal se inscriben en relaciones de poder y desigualdad.”
Los informes sobre participación electoral y apatía resaltan brechas territoriales y percepciones de corrupción; esos factores, combinados con polarización, profundizan desconfianza y desafección, condiciones asociadas a menor cooperación comunitaria en la prevención y la investigación.
8) Justicia Restaurativa (Braithwaite; Sherman)
“La vergüenza reintegradora y los procesos restaurativos reparan el daño y recomponen lazos.”
Frente a agresiones verbales y rupturas, aplicar principios restaurativos en escuelas, barrios y plataformas (mediación, escucha activa, compromisos de reparación) disminuye reincidencia de violencia simbólica y reconstruye control informal.
Impacto criminalístico: cómo la “guerra de palabras” contamina la investigación
La criminalística depende de información fiable y cooperación. La polarización afecta:
Cadena de custodia social: testigos reticentes o sesgados; miedo a participar por ataques en redes.
Pericias: riesgo de sesgos de confirmación cuando la presión pública exige “resultados” alineados con una narrativa dominante.
Reconstrucción del hecho: relatos contaminados por desinformación y edición tendenciosa en plataformas.
En paralelo, el contexto psicosocial (estrés, ansiedad, depresión) documentado por la APA y estudios cuantitativos se traduce en menor disponibilidad cognitiva y emocional para testificar y colaborar sostenidamente.
Salud mental y prevención del delito: un círculo virtuoso posible
La Política Nacional de Salud Mental 2024–2034 orienta la detección temprana y la atención primaria. Integrar esa política con estrategias criminológicas puede reducir riesgo y mejorar convivencia:
Higiene informativa y educación mediática en escuelas y comunidades: limitar ventanas de exposición, entrenar verificación y sesgos. La investigación muestra que el consumo político cotidiano afecta bienestar; modularlo ayuda sin renunciar al compromiso cívico.
Mesas de conversación seguras (justicia restaurativa): protocolos de escucha, reencuadre y acuerdos de reparación.
Primeros auxilios psicológicos para líderes comunitarios (docentes, entrenadores, líderes religiosos): detección de riesgo, rutas de derivación a CCSS y líneas de ayuda. La OPS/OMS subraya la brecha de tratamiento en la región y la necesidad de ampliar puertas de entrada comunitarias.
Tableros cantonales con datos de intentos de suicidio, egresos por trastornos de estrés y consultas por depresión; vincular hallazgos con intervenciones específicas. Costa Rica dispone de boletines y repositorios para ese fin.
Jóvenes y mujeres: proteger a quienes hoy están más expuestos
Encuestas y revisiones recientes muestran experiencias mixtas de adolescentes en redes: conexión y creatividad, pero también peor sueño, más tiempo de pantalla y mayor afectación en chicas adolescentes. En Costa Rica, 2024 evidenció más casos de depresión e intentos de suicidio en mujeres, con picos por edad. Diseñar espacios seguros, tutorías, hábitos de sueño y límites digitales es prevención primaria tanto para salud mental como para violencia simbólica y sexual en línea.
Llamado a la acción
La democracia necesita desacuerdo, pero no necesita daño emocional ni hostigamiento. Desde la criminología y la criminalística, el desafío es reconstruir control social informal, reducir tensiones, mejorar cooperación y blindar la calidad de las investigaciones. Si transformamos la “guerra mental” en diálogo informado y restaurativo, ganamos seguridad, salud y cohesión.
Recursos y referencias
Polarización y elecciones 2018 (Costa Rica) – Real Instituto Elcano; CONARE–PEN; TSE (miedo como herramienta).
Estrés político y salud mental – APA (2023).
Polarización y salud – PNAS Nexus (2022); Nature Medicine (2024).
Américas: brecha de atención y mortalidad por salud mental – OPS/OMS (2025).
Costa Rica: política y datos de salud mental – OPS Costa Rica (2024); boletines/estadísticas Ministerio de Salud; artículo técnico local (UH).
Juventud y redes – Pew Research Center (2025); AAP Research Corner.





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